Asociación Latinoamericana de Escritores Cristianos

agosto 28, 2012

¡Oh, los prólogos!

Filed under: El Escribidor,Noticias relacionadas con ALEC — escritorescristianos @ 4:46 pm
“Contracorriente”, obra de la poeta Lidia Geldstein.

25 DE AGOSTO DE 2012

 Propongo que se eliminen para siempre los prólogos y que de alguna manera se controle la publicidad fraudulenta y mañosa del mundo comercial. Que libros y artículos se impongan por lo que son y no por lo que se dice que son.  Firmado: Westinghouse Pereira.

 Me temo que muchos de los prólogos que se escriben para elogiar un libro consigan todo lo contrario; que el que se aprestaba a disfrutar la lectura sin inducciones ni anticipos de dudosa veracidad desista de hacerlo o comience por cubrirse con una gruesa capa de suspicacia respecto de lo que se dice de él y de lo que el libro promete ser. Porque ya es cosa sabida que quienes «tienen la gentileza» de aceptar escribir un prólogo saben que deben exponer profusamente las más encendidas loas a la obra aunque no la hayan leído. O que, después de leerla, les haya parecido apenas de regular a mediocre.

De vez en cuando alguien me pide que le escriba una carta de recomendación. Si la persona es de mi confianza y accedo a hacerlo, le digo que la escriba él o ella y que me la mande para firmarla.

 He mencionado antes en alguno de mis artículos por ahí la anécdota bastante simpática de aquel escritor que compuso una obra biográfica sobre la vida de un dictador caribeño. Una vez que la hubo terminado, pidió a un amigo suyo que escribiera el prólogo y éste, sin tomarse la molestia de leer el manuscrito, escribió algo que al dictador no le gustó; más bien, lo puso furioso . Y como algunos de estos señores tienen la costumbre de solucionar los problemas eliminándolos con un tiro en la cabeza, mandó que, mediante un telegrama, le dijeran al prologuista que tenía que presentarse para responder por lo que había escrito. Sintiendo ya que su propia cabeza rodaba hombros abajo, el compungido prologuista mandó un telegrama al dictador diciendo, simplemente: «Escribí prólogo. No leí libro». Esas cinco palabras le salvaron la vida.

Hace poco, por esas cosas del destino —y de la profesión ―, me vi involucrado en la preparación del manuscrito de una novela que vio la luz pública un día de estos. La persona que la escribió, seguramente convencida que con esa jugada maestra iba a desatar una locura tipo  Harry Potter  con gente amaneciéndose en la calle para adquirir un ejemplar, no tuvo mejor ocurrencia que creer que con pedirle a alguien que con su solo nombre habría de desatar tal furia de compradores, tenía el éxito asegurado. Y el prologuista, sin duda que con la mejor intención (diría que todos los prologuistas son/somos personas bien intencionadas), comenzó diciendo, dando el nombre de la novela: «… es un libro extraordinario». Yo que trabajé en él, sé que sin desmerecer lo que la persona que lo escribió intentó hacer, no es nada de extraordinario; es, como decía mi amigo, el filólogo chileno Enrique Margery, algo que «se deja leer».

 Hoy por hoy, los prólogos rimbombantes están tan desprestigiados como lo está el  Books Review  del  The New York Times .

Mi tía, que ya se acerca a los 90, para conseguir o para agradecer algún favor de políticos o de funcionarios públicos para ella o para alguno de sus sobrinos, hornea unas sabrosas empanadas chilenas y se las lleva de regalo. Embajadores la visitan en su casa, alcaldes la distinguen con su amistad y hasta presidentes de la República y primeras damas han dado órdenes expresas para que la dejen pasar. Yo no sé qué le darán al que escribe las notas laudatorias del  The New York Times , pero me imagino que será algo más que una media docena de empanadas chilenas.

 Las obras literarias, como los productos que se ofrecen en el supermercado, deberían imponerse por su calidad y no por lo que dice la propaganda . Yo compro galletas Tritón o mantequilla Dos Pinos no porque alguien me diga que son sabrosas sino porque yo he decidido que son sabrosas y me gusta comerlas.

Todo lo anterior para decir lo siguiente: Un día de estos, cuando aun convalecía de mi cirugía del 18 de junio (2012), estuvo a visitarme en casa un distinguido líder indígena del Perú, el magíster Roger Márquez quien, según tengo entendido, tuvo una destacada actuación en la CLADE no recuerdo qué número recientemente efectuada aquí en San Antonio de Coronado, Costa Rica, como quien dice, al lado de mi casa. Vivo en San Isidro de Coronado, primo hermano de San Antonio.

El reverendo Márquez me traía saludos de los miembros de ALEC-PERÚ y era portador además, de un librito de 51 páginas que gentilmente me hacía llegar su autora, una apreciable dama miembro de nuestra agrupación peruana,  la poeta Lidia Geldstein .
Me gustó la portada, comenzando por el título:  Contracorriente;  también la ilustración que con un tono algo surrealista da respaldo al título. Y al pie de la portada algo que puede pasar desapercibido para muchos pero no para mí: ALEC-PERÚ, Asociación Latinoamericana de Escritores Cristianos.

 Después que se hubo ido mi amigo Márquez, abrí el libro y me encontré con dos prólogos; uno que no se identifica como tal pero que sin dificultad cae en esta categoría, escrito nada menos que por Alfredo Pérez Alencart y, bajo su firma, algunos de sus acreditivos: Universidad de Salamanca, España/Academia Castellana y Leonesa de la Poesía. «¡Caray!» me dije, «¡Se las mandó!» (expresión ésta acuñada, inscrita y firmada por Don Guillermo Serrano).  Y el otro, por nuestro querido presidente de ALEC-PERÚ, el reverendo Jesús Aquino Espinoza.

 Conozco la poemaria de Lidia. He estado en su casa, en Lima. Y he disfrutado de un recital íntimo ofrecido a los miembros de ALEC-PERÚ y a este servidor con acompañamiento de violín por su entrañable esposo. Pero de todos modos, me puse la capa de suspicacia y me apresté a leer los prólogos para seguir, luego, con los poemas.
El de Don Alfredo me pareció mesurado. Convincente. Una pieza poética escrita en prosa. El de mi amigo Aquino, sincero, escrito un poco con ese sentimiento paternalista que con todo derecho y justicia puede adoptar siendo que ha dado parte de su vida a levantar ALEC-PERÚ y a mantenerla viva, activa y productiva.

 En ALEC-PERÚ tenemos por lo menos dos excelentes poetas. Una es Lidia a quien estoy dedicando este artículo y la otra es Meriam Bendayán , a quien aún se lo debo. Y más allá del Perú tenemos a Ana Rando, de Málaga, España y acá, a su compatriota ahora radicada en los Estados Unidos, Carolina Galán-Jackson.  En Chile, está Luis Rebolledo  quien, con toda timidez se está atreviendo a incursionar por las rutas poéticas que lo atraen e invitan a andar por ellas sin miedo ni complejos.

No soy crítico literario ni menos del género poético. Para mí un poema es bueno cuando hace que dentro de mí, en los dominios del espíritu, vibre alguna cuerda que ha permanecido floja, quieta o en reposo. Un poema es bueno cuando a través de su lectura, se establece una especie de vínculo espiritual con quien lo escribió. Un poema es bueno cuando toca mis sentimientos y me permite apreciar lo grande y bello de la vida, aunque el tema sea triste y doloroso. Por eso, los poemas no son para todo el mundo sino para los espíritus sensibles; para aquellos que saben disfrutar una puesta de sol, una lluvia fina que moja la campiña, una nube que pasa cargando agua para ir a regar otras regiones del globo; para aquellos que se sienten elevados a uno de los siete cielos conocidos escuchando a Brahms, a Paganini o a Debussy; alguien que sabe reconocer la mano de Dios en el diseño del ala de una mariposa o en el movimiento reflejo de los párpados de un ser querido.

El poeta, cuando escribe, lo hace para dar expresión a sus sentimientos, no a los de otros. Si alguien de los otros vibra en su ser íntimo, podría decirse que el poeta dio en el blanco. Lo que yo siento al leer un poema, sea de Lidia, de Meriam, de Ana, de Carolina o de Luis no tiene por qué sentirlo Juan o Juanita.

 Por todo lo que he dicho y mucho más es que he decidido escribir este artículo el que, en resumen, dice: hay una concordancia entre los prólogos y el contenido de Contracorriente. O, dicho en otras palabras, acertaron los prologuistas con lo que escribieron ; que si bien mi amigo Westin tiene razón al proponer la eliminación universal de los prólogos junto con la propaganda engañosa que nos dice que aquel aceite para motores es el mejor del mundo utilizando para convencernos a una muchacha semi desnuda que nos mira con ojos lánguidos y sonrisa seductora, hay prólogos que desmienten la generalización. Dos de estos son los de Pérez Alencart y de Aquino Espinoza. ¡Ah! Y el que escribió Pedro Tarquis para la colección de artículos  La bicicleta de Noé , de autor casi desconocido.

 Para muestra, dos poemas entresacados de Contracorriente, de la poeta bonaerense avecindada en Lima, Perú, Lidia Geldstein:

POR LA RUTA DE LA FE
Cuando estábamos a punto
de encallar (mi barca y yo)
una mano invisible nos detuvo.
Cambié el rumbo
de mi navegación
viré ciento ochenta grados
al norte de mi decepción.
Ahora navego el río de la vida
por la ruta de la fe,
navego entre aguas profundas
entre camalotes de luz.
Mi barca es frágil,
mi cuerpo sensible,
las tormentas y las nubes
nos intimidan,
pero una mano invisible
nos sostiene
es la mano amorosa, compasiva,
saturada de fuerza y de poder
del galileo glorioso,
mi Señor de Nazaret.

REVIVIENDO EN TI
Si fui fango, letanía,
profusa oscuridad,
si habité bajo las alas
de la incertidumbre,
heme aquí, tocada
por el amor de tu gracia
vuelvo a vivir.
Por ti, mi Salvador,
puedo tañer timbales de luz, volver a vivir, volver a soñar, reviviendo en ti.
Y al terminar mi jornada,
en la anochecida penumbra
diviso tus manos, tus dedos
posándose sobre mí;
cuando reclino mi cabeza
escucho los sonidos de tu paz
y duermo feliz, feliz
reviviendo en ti.

Autores:  Eugenio Orellana
©Protestante Digital 2012

                      Creative Commons  
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2 comentarios »

  1. Un prólogo en mi futuro Libro de cuentos sería más que acertado. Nunca me arrepentiría de ello pues es tan natural ver un prologo en un libro, como ver a mis hijos usando ropa de baño en la playa.

    Comentario por Jorge Gonzáles. — diciembre 17, 2012 @ 12:15 am | Responder

  2. Un búho presto y periclitado.-

    Inmerso en el todo de la existencia baladí , el búho agonizaba en su soledad ante el contrapeso individual de una felicidad sin motivo aparente alguno , por el péndulo de una sabia que provenía de la sabiduría con la que había tenido contacto a través de su salvaje historia y corta vida , larga vivencia y constante ocupación por su prójimo y la sofisticación de su forma de volar para atrapar a su alimento .Sencillo antipático mientras se apegaba al estudio de la apariencia ajena o diametralmente opuesto a la apuesta que su mentalidad pedía para el de fuera .
    En ausencia total de motivos funerarios, nuestro amigo no podía impedir que sus ojos se lubricaran con saludables lágrimas de impotencia, cosa que no lo hizo triunfar en la lidia a favor o en contra de su entorno espiritualista consultivo, poseyendo siempre la potencia del decoro y la compulsividad del que se sabe amenazado.
    Reconoce detrás de sus gafas que no solo nace la bondad para enriquecer el Alma sino que en la denominación de origen de lo conocido como negativo redunda también lo químico y lo físico del y en el espacio tiempo ajena a la relatividad autosuficiente explicada por un científico Teutónico . Mientras , delante de sus ojos crea la solución para servir de ejemplo a los niños para demostrar y demostrarse por que es puesto como ‘Logo de la sabiduría’ más sensata , redonda y errática como todo el que se incorpora a la obligación y función del existir cada día . Y en cuanto en su media óptica por constituirse en animal ave dotado , no acertaba como los progenitores incuban tanta violencia sin cesar siendo inquisidores mudos de cosas y educaciones que se les escapan de la mano ,y de las buenas obras apoyándose in-concientes , hipócritas y pasivos en los Menú de los médicos y en las recetas de lo medios de difusión .
    En una incomprensión del amor al ser obrero , personas discapacitadas y perdedores de siempre . Haciendo todo esto dudar a nuestra rapaz hasta de sí misma trayendo sobre su masa cefálica complacencia en actitudes que por esencia repudia como eso de comer algo que a su naturaleza le está vedada como engullir Mameyes. Siendo a su vez machacado por amores , amistades e incomprensiones familiares pues cada uno da interpretación simbiótica a todo lo que entra por sus cinco sentidos sico-somatizados por las descargas negativas de la contaminación ambiental y de valores religiosos . Azotada por el duende místico del efecto invernadero y lo de ser cogido por los científicos para perfeccionar sus armas aéreas de guerra . Es muy fuerte chico.
    Casi dormido en su lecho y tímido ante un árbol en peligro de extinción como también el roedor que otea desprevenido , analiza cómo entre el pulso de su Yo y el azar de la naturaleza , su bondad y virulencia ; entre el ser humano su abismo y fe , brilla con seducción poderosa y opulenta , fiable constante y sabio el Universo que sabe y conoce que con él o sin él seguirá su camino . Sabe que vivirá eternamente como creadora anfitriona o señal sólida de lo increado . A pesar que la conciencia racional fue despierta para ver lo no-visible del hecho consumado sin testigos .
    Absorto en sus cavilaciones no siente la sonrisa de un ave Fénix presta a invitarle a dormir en su vientre holgado porque un ente llamado Homo ha erradicado la comida natural de su habitad sin “Mea Culpa”.-
    Moraleja:
    Los intercambios entre individuos a nivel verbal transitan por el atajo de la sordera agónica en el camino del amor propio intuitivo producto de haber sido machacado históricamente por los más fuertes tanto en las discusiones perpetradas por los medios de difusión como en los círculos socio domésticos , en los sistemas educativos y las ideologías perniciosas y las religiones que se autodenominan únicas ante Dios . Efecto de las contaminaciones intelectualoide , la contaminación acústica y ambiental , y la ausencia de una comida sana . Acercándonos más a nuestros congéneres ancestros antropológicos que a la natural convergencia relativista en el sendero de lo jurisprudente tras el paso trascendental de poseer conciencia y el anhelo del homo por ser HOMO.-

    Hugo Leoniles Mendigutia Casanova. Escritor y poeta cubano, radicado en España.
    Tlfno. 34617017951.-

    Comentario por Hugo Mendigutia Casanova — enero 15, 2013 @ 10:24 am | Responder


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