Asociación Latinoamericana de Escritores Cristianos

noviembre 30, 2010

Monseñor Valech Aldunate (Q.E.P.D.)

Filed under: El Escribidor — escritorescristianos @ 10:50 am
¿Tendrá aún vigencia aquello que nos enseñaron en la Escuela Dominical cuando éramos chiquitos de que antes de partir de este mundo había que arreglar las cuentas con el prójimo, amén de las con Dios? Lo pregunto porque me parece ver, más y más, a creyentes que se van como si fueran de paseo y que en cualquier momento «volverán a venir» tan campantes. ¿Y las cuentas pendientes? Ahí que se queden, pendientes.

Es posible que alguien con “cosas” por arreglar lo haga en privado, lo cual puede estar o no de acuerdo con lo que nos enseñaron sacerdotes, pastores o misioneros, nuestros guías espirituales y formadores del carácter.

Hace poco me referí a la partida de este mundo de una misionera que, cuando gozaba de una salud exuberante, adhirió alborozada al golpe militar chileno que dejó miles de muertos y desaparecidos, que destruyó hogares y familias y que puso a Chile al mismo nivel del más lamentable de los países violadores de los derechos humanos. En medio de su alborozo me escribió para decirme, entre otras cosas, que en su próximo viaje a los Estados Unidos no descansaría promoviendo «la bendita intervención de los militares». Antes había muerto su esposo quien se distinguió no solo por ser un adherente furioso a la canalla uniformada, sino que contribuyó, con su palabra y su actitud, a dar visos de legalidad a algo absolutamente ilegal, inmoral y anticristiano. Otros misioneros y pastores han ido muriendo y, hasta donde llega mi conocimiento, ninguno de ellos ha hecho intentos por disculparse, menos pedir perdón, como lo han hecho autoridades civiles, militares y religiosas. (more…)

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noviembre 22, 2010

Angol: ciudad de los confines

Filed under: El Escribidor — escritorescristianos @ 8:34 am
En mi rápido periplo por Chile esta vez, me detuve por un día en la ciudad de Angol (*). Veía así hecho realidad un deseo largamente acariciado pero que no pude cumplir sino hasta ahora.

A poco más de 560 kilómetros al sur de Santiago, Angol, con sus 60 mil habitantes, tiene su tradición, tradición que parte desde antes de la conquista española (**), que transcurre por ésta a fuerza de sangre derramada, olor a pólvora esparcida por los arcabuces invasores y que deja una huella indeleble en la Historia de Chile. Pero también tiene su tradición íntima, familiar, personal que poco o nada podría interesar a mis lectores, salvo a unos cuantos que de una u otra manera son parte de ella. (En este punto y como lo he hecho otras veces, invito a quienes no se sientan interesados en seguirme leyendo a que den vuelta la página y busquen algo más afín a sus predilecciones; es la opción del lector. Se perderían; sin embargo, dos de los más hermosos poemas que alguna vez se hallan compuesto y que cierran este artículo.)

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