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Mentiría si dijera que no quiero llegar a lo más alto.
08 DE OCTUBRE DE 2011
frase que dice que, para Dios, un alma vale más que todo el oro del
mundo. Y que para encontrar a esa alma perdida, Dios está dispuesto a
remover cielo y tierra.
Si esta es una idea compatible con el texto bíblico, y sin duda que lo
es, bien podría serlo esta otra: para lograr que alguien llegue a ser lo
que Él quiere que sea, Dios es capaz, igualmente, de remover cielo y
tierra.
Un ejemplo que bien podría ilustrar esto. Hace
algunos años, una organización dedicada a promover la literatura
cristiana en el mundo hispano parlante, hizo algo que nunca antes había
hecho ni nunca después repitió: convocar a una concentración continental
en un país sudamericano para lo cual envió cartas anunciando y
promoviendo el evento. Una de esas cartas llegó a un lejano rincón del
mundo y cayó en manos de alguien que se sintió motivado a enviar a un
joven que por ese tiempo hacía sus primeras armas en el campo de la
composición literaria. Asistió casi un centenar pero, hasta donde se
sabe, solo uno, aquel de ese lejano rincón del mundo, encontró su lugar
en el plan de Dios.
Al poco tiempo, la organización que convocó había desaparecido.
¿Sería que Dios había propiciado aquel encuentro continental solo para
lograr en aquel solo individuo lo que había planeado para él?
Otro ejemplo : Una clase bíblica. Figuran como
alumnos personas de diferentes niveles de conocimiento de la Palabra.
Uno, sin embargo, es absolutamente ignorante acerca de ella. Pero es
este alumno el que empieza a aprender más rápidamente que los otros al
punto que el maestro llega a pensar que la clase bíblica se hizo
exclusivamente para él.
Hoy vamos a dedicar nuestro espacio a platicar con alguien
cuya evolución pareciera sugerir que todo el movimiento que representa
la Asociación Latinoamericana de Escritores Cristianos nació, creció y
se desarrolló para que él llegara a ser lo que ya está alcanzando.
Permitidme, sin embargo, una explicación.
Primero, lo que digo y afirmo tiene una base que se ve bastante sólida:
Mi entrevistado de hoy es el único de todos los excelentes valores que
han pasado o permanecen en ALEC que ya ha asumido la condición de
escritor profesional. Y que está trabajando dentro de este concepto.
Segundo, no desconocemos ni pasamos por alto los talentos de los que, unos pocos pasos más atrás, le acompañan.
Mientras trabajaba en este artículo, escribí a seis de ellos para
averiguar cuán activos están como escritores. Aunque no respondieron
todos, lo que me dijeron es esperanzador y constituye una buena
posibilidad de que, más temprano que tarde lleguen a abrazar, en calidad
de escritores profesionales, las letras cristianas hispanoamericanas.
Esto fue lo que dijeron:
1. «Sigo trabajando en mi nueva novela aunque me queda todavía un trecho largo por recorrer».
2. «Terminé en septiembre un poemario y una novela para niños. A
principio de año, Dios mediante, quiero comenzar algún nuevo proyecto,
pero de momento no sé muy bien por dónde irán los tiros».
3. «Trabajo en una novela que se ambienta entre los años 1852 y 1885.
Estoy tratando de ubicarme en la época. Eso me toma tiempo. Se trata de
combinar hechos históricos con ficción; o sea, será una novela
histórica. Voy despacio».
4. «Sí, estoy escribiendo, siempre estoy escribiendo: tomando notas
para futuras novelas, redactando artículos. En cartera quedan dos
novelas en formato maqueta muy avanzada, esperando el momento para la
redacción final. ¡Qué duro esto de ser escritor… pero sigue siendo
apasionante! La pulsión de una nueva idea que intuyes que es buena, el
proceso mismo de la escritura, el feedback con los lectores…».
CONVERSACIÓN CON MIGUEL ÁNGEL MORENO GÓMEZ
En 2003, llegó a Alcalá de Henares para participar como alumno del
primer seminario-taller efectuado en España por la Asociación
Latinoamericana de Escritores
Cristianos.
Quería ser escritor. Hoy lo es. Fue un alumno que se dispuso a
aprender. Hoy es profesor tanto en el ámbito de ALEC como en el diseño
de escuela que él mismo ha elaborado y tratado de implementar. En 2006
irrumpió en el mercado cristiano con su novela Peones ciegos . A ésta le han seguido La vidriera carmesí , Praemortis y La zarza de tres espinas
esta última por aparecer próximamente. Reconocemos y admiramos su
determinación: llegar a ser un escritor profesional. Algo de su
pensamiento, sus inquietudes, sus aspiraciones, su perspectiva podrá
leerse en el siguiente cuestionario.
P. ¿Cómo nace en ti ese deseo de ser escritor?
R. Ser escritor es algo para lo que he nacido. Desde
pequeño siempre me ha ilusionado crear mis propias historias y
disfrutar contándoselas a mis amigos. Ahora me dedico a ello de forma
profesional, pero en el fondo creo que sigo haciendo lo mismo que he
hecho toda la vida. Además, creo que es mi deber. Es una idea que
escuché de alguien, hace tiempo, y que sigo firmemente: Si sabes que
tienes una habilidad especial para la narración es tu responsabilidad
perfeccionarla, ponerla en práctica y compartirla.
P. ¿A qué nivel quieres llegar?
R. Siempre he pretendido llegar al mayor público
posible. Supongo que eso es un efecto secundario de convertirse en un
escritor conocido. Pero, para ser sinceros, mentiría si dijera que no
quiero llegar a lo más alto. Durante la carrera [Filología Hispánica] he
estudiado a muchos escritores de las letras castellanas y he tenido que
aprenderme sus biografías y trayectoria literaria. Me gustaría ser como
ellos, y que, en el futuro, un alumno de filología estudie mi vida y
mis publicaciones, mi estilo, mi intención al escribir sobre un
determinado tema… mi carrera, en definitiva. Es una meta ambiciosa, pero
he comprendido que hay objetivos a los que no se puede llegar sin
ambición.
P. Te interesa alcanzar a las editoriales seculares. ¿Hay algo en las editoriales cristianas que no te satisface?
R. El problema no es sólo de las editoriales, sino
que parte directamente desde los escritores de fe cristiana: muchos sólo
se concentran en dar un mensaje evangelizador. Yo mismo lo he hecho en
alguna de mis novelas, pero ahora pienso que para un escritor es más
importante contar una historia sin mermar su creatividad que lanzar un
panfleto cristiano disfrazado de novela. La ficción debe construirse
sobre nuestras inquietudes, eludiendo tabúes establecidos por la
comunidad cristiana; de este modo, el mensaje, si es que queremos darlo
(sea cual sea), resultará mucho más genuino, porque nos habremos quedado
en nuestro papel de narrador, dejando que sean la propia historia y sus
personajes quienes hablen. Por desgracia, algunas editoriales
cristianas comparten la misma idea que he dejado ver sobre los
escritores; no publican nada que no se parezca a una predicación o a un
panfleto evangelizador. Creo que estas editoriales buscan misioneros o
pastores que escriban, pero no buscan escritores. Me gustan las
editoriales que piensan igual que yo, que no se conforman con las
historias manidas, sino que se arriesgan con nuevas ideas.
P. ¿Qué esperas lograr con acercarte a las editoriales seculares?
R. Quiero abrirme una puerta en el mundo de la
literatura secular, porque tengo muchas ideas para historias que se
ajustan mejor en editoriales especializadas en la ciencia ficción, que
es el género sobre el que más me gusta escribir. De todos modos, también
pretendo ascender otro escalón en mi carrera como escritor, publicando
en editoriales seculares de España, y continuando, al mismo tiempo, mi
trabajo para Grupo Nelson, con quienes he publicado la mayoría de mis
novelas.
P. ¿Crees que l a novela cristiana tiene futuro?
R . La novela cristiana no tiene futuro. Lo que sí
tiene futuro es la novela escrita por cristianos. De mis charlas con
lectores y libreros he sacado en claro que el público no compra novelas
que destilan un sermón moralizante por las cuatro esquinas. Lo que
quieren leer es una historia, algo que les entretenga de camino al
trabajo, durante las vacaciones o en un momento de relajación en casa;
que posea un verdadero conflicto y con personajes a los que se pueda
admirar, o con los que uno pueda identificarse. En este sentido, si las
novelas que se publican muestran a personajes cristianos perfectos en un
mundo perfecto, el público se aburre, o no se identifica con lo que
lee, porque no corresponde, ni por asomo, a la realidad.
P. ¿Habrá que depender únicamente de las editoriales
cristianas, dedicadas por inercia y necesidad de vender a un tipo de
literatura que enfatiza la consejería, las experiencias testimoniales
mayormente traducciones o habrá que mirarhacia el mundo secular?
R. Teniendo en cuenta lo que he respondido a la
pregunta precedente, un escritor, aunque sea una persona de fe, no
tendría que depender únicamente de editoriales cristianas, sino de la
propia inspiración, de la idea que terminará convirtiéndose en una
novela. La fe del escritor no debe limitar su creatividad, sino
enriquecerla, exactamente igual a cualquier otra experiencia vital.
P. ¿Cuál ha sido tu experiencia como autor de literatura de ficción en el contexto que venimos analizando?
R. En varias ocasiones he visto que algunos autores
de fe cristiana cometen lo que podría denominarse «un suicidio
creativo». Se niegan a escribir determinadas historias porque tocan
temas que la comunidad religiosa no tiene en cuenta, o sobre los que se
prefiere guardar silencio. También he visto cómo desechan ideas, buenas
ideas, por el simple hecho de que les parece que no cabe en ellas un
mensaje evangélico. Como ya he dicho, el problema de la literatura en el
mundo cristiano parte de los autores. Son ellos quienes deben estar
dispuestos a contar una historia desde un punto de vista neutral,
ahondando en sus propias inquietudes. Por supuesto, nuestras
experiencias compondrán muchos ingredientes de la novela, pero es
necesario que el escritor no se aparte de su papel como transmisor de un
relato para forzar un moralismo, porque ante todo la historia y sus
personajes deben resultar verosímiles. Cuando nos apartamos de nuestro
papel, dejamos de ser escritores. Nos transformamos en evangelistas y
nuestra historia también se transforma. En muchas ocasiones, el
resultado es la pérdida de la verosimilitud por favorecer, o forzar, el
mensaje, lo que acaba por echar a perder todo el relato.
P. ¿Seria mal visto por el establishment literario cristiano que se salga a buscar apoyo fuera de los límites que delimitan el universo de la iglesia?
R. Creo que ni el escritor ni las editoriales
deberían permanecer dentro de una exclusividad. Para el escritor es
perjudicial, porque merma su creatividad, como ya he dicho; para las
editoriales también es dañino, porque están cerrando la puerta a muchas
posibilidades. En este sentido, defiendo que las editoriales quieran
especializarse en literatura con mensaje cristiano, como otras se
especializan en literatura de terror, aventuras, o ciencia ficción. Lo
que no entiendo es que cierren demasiado su línea editorial. La línea
editorial debería servir de orientación, pero no de traba. De este modo,
las editoriales no deberían ver mal que un escritor se abra al mercado
secular. Es un error que, por desgracia, se extiende a todo el mundo
cristiano: tendemos a encerrarnos en una burbuja, en nuestro mundo
particular; leemos literatura únicamente escrita por evangélicos,
escuchamos música evangélica, leemos diarios evangélicos, nos
relacionamos sólo con amigos evangélicos (y si no lo son, intentamos
convertirlos constantemente), asistimos a conciertos evangélicos y a
actividades evangélicas… Vivimos en el mundo evangélico que nos hemos
construido, y no nos interesa nada de lo que suceda fuera de él. Tal
forma de actuar y pensar me resulta muy peligrosa, porque nos estamos
transformando en aliens (extraterrestres) para el resto del
mundo. Mucho me temo, que si editoriales y escritores no están
dispuestos a cambiar su modo de pensar, si no reúnen el valor necesario
para salir de la burbuja, acabarán atrapados en ella.
P. ¿Crees tener el talento necesario para alcanzar las dos metas anteriores?
R. Para ser sincero, no lo sé. Admito –sin ánimo de
parecer pretencioso- que tengo la habilidad para convertirme en un
escritor reconocido, pero no es lo único que hace falta. Para llegar
hasta donde he llegado he leído y escrito mucho, dos componentes muy
necesarios para progresar en la carrera literaria. Pero además hacen
falta buenas ideas. Espero que, de seguir así, pueda alcanzar mi meta,
por supuesto, con la ayuda de Dios.
P. Estás estudiando Filología Hispánica. ¿Qué piensas hacer con este bagaje de conocimiento cuando te gradúes?
R. En realidad, a día de hoy ya estoy graduado.
Ahora, con la carrera completada puedo asegurar que Filología Hispánica
me ha aportado más bien poco como escritor. Tan solo recuerdo un par de
asignaturas productivas, de las cuales he sacado valiosas herramientas
que han venido a mi cabeza a la hora de sentarme frente al ordenador.
Prácticamente, todo el bagaje que haya podido adquirir ha salido de
otros maestros: los escritores de las novelas que «he tenido» que leer:
Galdós, Clarín, Cervantes, Delibes o Unamuno son aquellos con quienes he
mejorado mi técnica, pero no el estudio de la Filología en sí. Ahora
que he terminado, mi intención es cursar una maestría para convertirme
en profesor de literatura. No es que me apasione la profesión, pero me
gusta.
P. ¿Qué crees que has logrado con la publicación de tus primeras tres novelas: Peones ciegos, La vidriera carmesí, Praemorti y la que viene, La zarza de tres espinas ? ¿Dinero? ¿Fama? ¿Poner un pie en la puerta e impedir así que se cierre?
R. Un poco de las tres cosas, para qué nos vamos a
engañar. Hasta el momento mis novelas me han permitido vivir de la
literatura. No soy famoso, ni mucho menos, pero ya he comenzado a tener
contacto con mis lectores. Sin embargo, lo que creo que han hecho mis
novelas es abrirme el camino en el mundo de la literatura. Todavía me
queda muchísimo camino por andar, pero tengo muchas ideas que convertir
en futuras novelas.
P. Siendo que, de alguna manera, un movimiento que busca
escritores hispanos «te descubrió», ¿crees que es posible que tu caso se
pueda multiplicar por 10? ¿20? ¿50? ¿100?
R. Por supuesto que sí. Creo que hay muchos
escritores que esperan el empujón que me hizo falta a mí para ponerse a
ello, no de forma esporádica, sino profesionalmente. Necesitan consejos y
técnicas para plantearse la actividad de la escritura creativa como una
futura profesión. Eso es lo que precisamente recuerdo de mi viaje a
Lima, cuando acudí para participar en un seminario en el que di
Introducción a la literatura creativa. Había muchísima gente con talento
dispuesta a escribir, a quienes solo les faltaba el empujón, los ánimos
necesarios para enfrentarse a la página en blanco y comenzar esa
historia que siempre habían deseado contar. Por otro lado, valoro mucho
el esfuerzo de este tipo de asociaciones y movimientos, porque sé que
buscan entre muchos candidatos que se apean del carro a mitad de camino,
gastando esfuerzo, dinero y, en ocasiones, buena parte de su ánimo.
P. ¿Cuáles son tus metas, en cuanto escritor, para los próximos 10 años?
R. Como de momento ideas no me faltan, mi propósito
más inmediato es escribir una media de dos novelas al año. Por lo pronto
voy a buen ritmo. También quiero alcanzar una mayor cantidad de
lectores, para lo cual hace falta mucho esfuerzo y ofrecer historias
diferentes, innovadoras, fuera de lo acostumbrado. Algo que siempre me
he preocupado por hacer. No me gusta planificar proyectos a largo plazo,
porque en esta profesión es mejor subir un escalón y luego prepararse
para ascender el siguiente.
CURRÍCULUM VITAL 1
Nací en Madrid, en junio de 1979. Soy el primero de tres hermanos. He
pasado mi niñez en el barrio de Vallecas, que por los años 80 era una
zona muy conflictiva de la ciudad, de modo que crecí rodeado de
delincuencia y drogas.
Estudié educación primaria en un colegio muy cercano a mi casa. Sin
embargo, y dado que siempre he resultado un muchacho muy rebelde, los
abandoné al poco de conseguir mi graduado escolar. Con catorce años,
como era demasiado joven para trabajar de forma legal, me marché con mi
padre para ayudarle como mozo de almacén en la tienda de muebles en la
que él trabajaba.
Desde entonces, y hasta los veintitrés años, estuve deambulando por
gran cantidad de trabajos: repartidor de muebles, dependiente, pinche de
cocina, cartero, guardia de seguridad, reparador informático… hasta
hice un parón en 1998 para realizar el servicio militar obligatorio,
algo muy poco frecuente en alguien de mi edad.
A los veintitrés, cansado de ver cómo ningún trabajo me satisfacía, y
con unas ganas tremendas de volver a estudiar, me saqué el graduado en
Educación Secundaria Obligatoria para adultos; después el bachillerato
en humanidades y, ahora, la licenciatura. Durante todo este tiempo nunca
he dejado de escribir, aunque antes de los veintitrés lo hacía de
manera muy esporádica. Una vez retomados los estudios decidí practicar
de verdad lo que siempre había sido mi pasión. A los veinticuatro gané
dos certámenes literarios seguidos, lo que me dio ánimos para embarcarme
en la escritura de mi primera novela; aquella que en 2006 terminaría
convirtiéndose en Peones ciegos.
CURRÍCULUM VITAL 2
Licenciado en Filología Hispánica y actor teatral. Comencé en el mundo
literario a los veinticuatro años, fecha en la que fui premiado en
diversos certámenes literarios y teatrales. He participado en numerosas
publicaciones digitales y programas de radio. En la actualidad imparto
clases sobre técnicas literarias e introducción a la literatura creativa
en seminarios, asociaciones de escritores y empresas. Vivo en Madrid,
España.
Autores: Eugenio Orellana
©Protestante Digital 2011
El Escribidor
Ana Rando
Berta Marín
V. Rossato